Oktoberfest: historia, cerveza y tradiciones de la fiesta que convirtió Múnich en la capital mundial de la cerveza
Cada otoño, millones de personas llegan a Múnich para participar en una celebración cuyo nombre ha terminado convirtiéndose en sinónimo de cerveza, grandes jarras de un litro, música bávara, lederhosen, dirndl y enormes carpas repletas de público. Sin embargo, el Oktoberfest no nació como un festival cervecero y tampoco fueron las grandes cervecerías muniquesas quienes lo fundaron. Su origen se encuentra en una boda real, una carrera de caballos y una celebración popular que, durante más de dos siglos, fue transformándose hasta convertirse en el mayor Volksfest del mundo.
La edición de 2026 será la número 191 y se celebrará en la Theresienwiese de Múnich del 19 de septiembre al 4 de octubre, con 17 grandes carpas y 21 pequeñas. El nombre puede despistar a quien visite la ciudad por primera vez: buena parte del Oktoberfest transcurre en septiembre porque en 1872 se decidió adelantarlo para aprovechar las temperaturas más agradables del final del verano bávaro.
Detrás de esas cifras existe una historia mucho más interesante, especialmente cuando la observamos desde la cerveza. Lo que se bebía en los primeros años poco tiene que ver con el Festbier dorado actual; el Märzen, que hoy muchos consumidores internacionales identifican automáticamente con Oktoberfest, ni siquiera fue la cerveza dominante desde el principio. Para entenderlo hay que regresar a Múnich en 1810.
El origen del Oktoberfest: una boda, un prado y una carrera de caballos
El 12 de octubre de 1810, el príncipe heredero Luis de Baviera, futuro rey Luis I, contrajo matrimonio con la princesa Teresa de Sajonia-Hildburghausen. Las celebraciones duraron varios días y culminaron el 17 de octubre con una gran carrera de caballos organizada en un prado situado entonces fuera de las murallas de Múnich. La idea había sido propuesta por Andreas Michael Dall’Armi, miembro de la Guardia Nacional bávara, y el acontecimiento tuvo tal aceptación que se decidió repetirlo al año siguiente. Aquella repetición terminó dando origen a una tradición que continúa más de dos siglos después.
El lugar recibió el nombre de Theresienwiese, literalmente “prado de Teresa”, en honor a la novia. Los muniqueses acabarían abreviándolo como Wiesn, palabra bávara que significa sencillamente “prado” y que hoy se utiliza en Múnich prácticamente como sinónimo de Oktoberfest. De hecho, si queremos sonar mínimamente locales, es bastante más probable escuchar auf der Wiesn que una continua repetición de “Oktoberfest”.
Hay un detalle especialmente importante para la historia cervecera: en aquel primer Oktoberfest no existían las enormes carpas de cerveza actuales. La celebración principal era la carrera de caballos y las estructuras que hoy asociamos inmediatamente al festival aparecieron mucho más tarde. La cerveza estuvo presente en las celebraciones —el Museo de la Cerveza y del Oktoberfest recuerda que durante los cinco días de festejos se vaciaron barriles— y Hofbräu documenta la presencia de una taberna de la entonces Royal Hofbräuhaus vinculada a las celebraciones cortesanas, pero todavía no existía un “festival de la cerveza” en el sentido moderno.
Por eso tampoco es rigurosamente correcto hablar de “cervecerías fundadoras del Oktoberfest”. El festival fue fruto de aquella celebración real y de la posterior decisión de repetirla. En 1811, la Asociación Agrícola de Baviera continuó la fiesta como escaparate de los logros agrícolas y, desde 1819, la ciudad de Múnich asumió su organización. Las cervecerías fueron adquiriendo progresivamente un protagonismo esencial, pero no fundaron el Oktoberfest original.
¿Qué cerveza se bebía en el primer Oktoberfest?
Aquí aparece uno de los mitos más frecuentes. Es habitual imaginar que en 1810 ya se servían grandes jarras de Märzen ámbar exactamente como las que muchas cervecerías internacionales venden hoy bajo la denominación “Oktoberfest”. Históricamente, la situación fue bastante diferente.
El Múnich de principios del siglo XIX estaba profundamente ligado a las cervezas oscuras de baja fermentación, precursoras de lo que hoy reconocemos como Münchner Dunkel. Las técnicas de malteado de la época favorecían maltas más oscuras que las actuales y la cerveza clara de estilo muniqués todavía estaba lejos de dominar el mercado. Hofbräu señala que su cervecería de cerveza marrón había sido trasladada al Platzl en 1808, apenas dos años antes del primer festival, y documenta que en 1812 sus cerveceros reales elaboraron ya un lote especial para la celebración, más fuerte y de color dorado intenso.
Lo importante es comprender que el Oktoberfestbier no apareció de repente como un estilo perfectamente definido. Fue evolucionando junto al propio festival.
La documentación incorporada al registro europeo de la denominación Oktoberfestbier señala que fue a partir de 1872 cuando comenzó a consolidarse una cerveza característica específicamente asociada al Oktoberfest. Ese año se sirvió una cerveza más fuerte y de mayor extracto original y el Märzen pasó progresivamente a convertirse en la cerveza emblemática de la fiesta, posición que mantuvo durante décadas.
El Märzen clásico presentaba mayor intensidad maltosa, color entre ámbar y cobrizo, fermentación baja y suficiente estructura para sobrevivir a una larga guarda. Su propio nombre procede del mes de marzo, periodo tradicional en el que se elaboraban cervezas destinadas a conservarse durante los meses cálidos, cuando históricamente la producción resultaba mucho más problemática.
Así que, paradójicamente, la cerveza que buena parte del mundo considera “la cerveza histórica del Oktoberfest” no fue la cerveza del Oktoberfest original de 1810, sino una evolución posterior que se consolidó más de medio siglo después.
Del Märzen cobrizo al Festbier dorado actual
Quien visite hoy el Oktoberfest de Múnich puede llevarse otra sorpresa: la cerveza que encontrará en las grandes carpas suele ser considerablemente más clara, dorada y fácil de beber que el Märzen ámbar que muchas cervecerías estadounidenses continúan elaborando bajo la inspiración del festival.
El actual Festbier muniqués es una lager de mayor densidad y graduación que una Helles convencional, normalmente alrededor del 6 % de alcohol, con perfil maltoso pero elegante, cuerpo medio, amargor contenido y una extraordinaria bebibilidad para su graduación. Munich Tourism lo describe precisamente como una cerveza más fuerte que una Helles convencional, elaborada específicamente para celebraciones.
La Asociación de Cervecerías de Múnich establece que el Oktoberfestbier debe alcanzar una densidad original mínima del 13,5 %, mientras su espectro cromático puede ir desde tonos claros y dorados hasta el ámbar; en la práctica, las variantes doradas y broncíneas son las que se han impuesto en la Wiesn contemporánea.
La razón también tiene una lógica sensorial y práctica. Una Maß contiene un litro de cerveza. Una lager algo más seca, clara y de amargor moderado resulta considerablemente más bebible durante una larga jornada de festival que una cerveza muy tostada, dulce o excesivamente pesada. El Oktoberfest moderno necesita una cerveza con suficiente presencia para acompañar pollo asado, codillo, salchichas o Obazda, pero también con una facilidad de trago que permita mantener el equilibrio durante una sesión prolongada.
Y aquí conviene recordar algo obvio que a veces se pierde entre canciones y jarras levantadas: una Maß de Festbier de aproximadamente 6 % contiene una cantidad considerable de alcohol. Beber despacio, comer y alternar con agua son decisiones mucho más sensatas que intentar demostrar heroicidades que a nadie impresionarán al día siguiente.

Las seis cervecerías del Oktoberfest actual
Hoy la cerveza servida oficialmente en el Oktoberfest de Múnich está restringida a seis grandes cervecerías tradicionales de la ciudad:
Augustiner-Bräu, Hacker-Pschorr, Löwenbräu, Paulaner, Spaten y Staatliches Hofbräuhaus München.
Solo estas seis pueden elaborar el Oktoberfestbier destinado a la celebración y la cerveza debe cumplir las especificaciones establecidas para el Münchner Bier y el Oktoberfestbier. Una resolución del Tribunal Regional de Múnich de 1990 definió además el Oktoberfest como la “fiesta de la cerveza de Múnich”.
Pero tampoco debemos confundir esta exclusividad con la organización del festival. El Oktoberfest es un festival de la ciudad de Múnich. Las cervecerías elaboran las cervezas oficiales y están íntimamente ligadas a las carpas, mientras los Wiesnwirte, los hosteleros autorizados, gestionan los grandes pabellones y su restauración. La organización general corresponde a la ciudad, que regula desde horarios y seguridad hasta las condiciones de funcionamiento.
La relación de estas seis cervecerías con la Wiesn se consolidó progresivamente. En 1825 se limitó a 18 el número de vendedores de cerveza muniqueses autorizados; desde 1895 comenzaron a aparecer grandes salas temporales y, en 1898, Georg Lang levantó una de las primeras grandes carpas modernas. En 1907 las pequeñas casetas del antiguo Wirtsbudenring fueron sustituidas por seis grandes pabellones vinculados a las principales cervecerías muniquesas.
Es decir, la imagen del Oktoberfest que hoy reconocemos —grandes carpas, bandas de música, miles de personas y ríos de Festbier— necesitó prácticamente un siglo para tomar forma.
“O’zapft is!”: el ritual que abre oficialmente la Wiesn
Uno de los momentos más simbólicos se produce a las doce del mediodía del primer sábado. El alcalde de Múnich abre el primer barril en la carpa Schottenhamel y proclama el célebre “O’zapft is!”, que podría traducirse como “¡Está abierto!” o, en contexto, “¡El barril está pinchado!”.
La tradición comenzó en 1950 con el alcalde Thomas Wimmer, que necesitó nada menos que 17 golpes para introducir correctamente el grifo. Desde entonces, los alcaldes compiten amistosamente por hacerlo con el menor número posible y el récord está en dos. Tras la apertura, la primera Maß se entrega tradicionalmente al ministro-presidente de Baviera.
Hasta ese instante no se sirve cerveza alcohólica en las carpas el día de la inauguración. En 2026 abrirán desde la mañana, pero la cerveza comenzará a fluir oficialmente después del ritual del mediodía.

Cómo viven los muniqueses el Oktoberfest
Para entender realmente el Oktoberfest conviene abandonar la idea de que se trata simplemente de una macrofiesta para turistas. Para muchos muniqueses, la Wiesn forma parte del calendario social de la ciudad. Se queda con amigos, familias o compañeros, se elige una carpa, se come, se bebe una Maß y, dependiendo del momento del día, se continúa con las atracciones o se permanece durante horas alrededor de la mesa.
El visitante que quiera experimentar un ambiente más local debería considerar especialmente las mañanas y mediodías entre semana. El propio barómetro oficial del Oktoberfest muestra que estos periodos suelen ser considerablemente más tranquilos que las tardes, noches y fines de semana. Los martes son tradicionalmente días familiares, por lo que las atracciones y puestos pueden recibir mayor afluencia de familias durante la tarde.
También cambia mucho la Wiesn según la hora. Al mediodía podemos encontrar familias, personas mayores, comidas de grupos y un ambiente relativamente relajado; conforme avanza la tarde, las grandes carpas ganan intensidad, las bandas evolucionan desde repertorios bávaros hacia canciones populares y la celebración se vuelve progresivamente más exuberante.
El traje tradicional forma parte del paisaje, aunque no es obligatorio. Dirndl y lederhosen son muy habituales, pero nadie necesita disfrazarse de bávaro para entrar. Si se opta por vestir Tracht, resulta mucho más elegante elegir prendas razonablemente auténticas que convertir la tradición en un disfraz de carnaval.
Qué comer además de beber cerveza
Reducir el Oktoberfest a la cerveza sería quedarse con la mitad de la experiencia. La comida forma parte integral de la celebración.
El Hendl, medio pollo asado, es probablemente el acompañamiento más emblemático y apareció en el festival durante el siglo XIX; hoy se consumen enormes cantidades durante cada edición. También encontramos Schweinshaxe —codillo de cerdo—, salchichas, buey asado, pato, Steckerlfisch o pescado ensartado y asado, Brezn gigantes, rábanos y Obazda, la popular preparación bávara de queso condimentado.
La elección de carpa puede hacerse incluso por la comida. Algunas poseen especialidades muy concretas, y esa es una de las razones por las que merece la pena estudiar previamente dónde queremos sentarnos en lugar de entrar simplemente en la primera que encontremos.
Curiosidades del Oktoberfest que merecen una Maß aparte
La historia de la Wiesn está llena de anécdotas. En 1886 llegó la electricidad, permitiendo aumentar espectacularmente la iluminación y las atracciones; existe incluso la tradición de que un joven Albert Einstein ayudó en trabajos eléctricos relacionados con una de las carpas, aunque la propia documentación oficial advierte que la historia no puede demostrarse completamente.
En 1949 empezó a rugir el famoso león de Löwenbräu, provocando quejas de otros hosteleros por el ruido. En 1981 ocurrió algo todavía más extraño: la carpa Hofbräu estuvo a punto de quedarse sin cerveza y durante unas horas recibió ayuda de su vecino, de modo que se llegó a servir Paulaner dentro de la carpa Hofbräu, una anomalía casi herética para los puristas de la Wiesn.
Desde 2010 existe además la Oide Wiesn, el “Oktoberfest antiguo”, creada inicialmente para celebrar el bicentenario y mantenida debido a su enorme aceptación. Allí encontramos atracciones históricas, música y una atmósfera deliberadamente más tradicional que permite acercarse a una versión menos frenética de la fiesta.
Recomendaciones para asistir al Oktoberfest por primera vez
La primera recomendación es sencilla: no improvisar completamente. La entrada general al Oktoberfest es gratuita, pero tener acceso al recinto no garantiza encontrar sitio dentro de una carpa cuando está llena. Entre semana y para grupos pequeños suele ser posible conseguir mesa sin reserva; por las noches, fines de semana y días festivos, reservar resulta mucho más recomendable. Las reservas deben hacerse directamente con los hosteleros autorizados y suelen ir asociadas a cupones mínimos de comida y bebida.
Para una primera visita, acudir un día laborable hacia media mañana permite recorrer tranquilamente el recinto, observar las carpas antes de que alcancen su máxima ocupación y comer con un ritmo bastante más amable. Conviene utilizar transporte público, llevar solo lo necesario, comprobar las normas de acceso y no planificar el día como una carrera por visitar el mayor número posible de pabellones.
Y hay una recomendación especialmente importante para quien tenga interés real por la cerveza: pruebe las diferentes Oktoberfestbier con atención. Aunque todas pertenecen a una misma tradición y comparten ciertos parámetros, existen diferencias de maltosidad, dulzor, cuerpo, amargor y sensación final entre Augustiner, Hacker-Pschorr, Hofbräu, Löwenbräu, Paulaner y Spaten. No hay necesidad de hacerlo todo en una tarde; de hecho, sería una manera bastante torpe de intentar apreciarlas.

Oktoberfest: mucho más que beber cerveza en una carpa
Quizá el mayor éxito del Oktoberfest sea haber conseguido evolucionar sin perder completamente su origen. Ya no hay una gran carrera de caballos cada año y aquel prado a las afueras de Múnich ha quedado absorbido por la ciudad, pero la Theresienwiese continúa siendo el escenario de una celebración profundamente vinculada a la identidad bávara.
La cerveza también ha evolucionado con ella. De las oscuras cervezas muniquesas de principios del siglo XIX se pasó progresivamente a elaboraciones especiales para la fiesta; desde 1872 el Märzen se convirtió en referencia y, durante el siglo XX, el perfil fue desplazándose hacia el Festbier dorado, fuerte pero extraordinariamente bebible que hoy llena millones de Maß. Lo que nunca cambió fue la relación entre la Wiesn y la cultura cervecera de Múnich.
Actualmente solo seis cervecerías —Augustiner, Hacker-Pschorr, Hofbräu, Löwenbräu, Paulaner y Spaten— pueden servir oficialmente Oktoberfestbier en el recinto, pero el espíritu de la fiesta pertenece a una ciudad entera.
Quien viaje al Oktoberfest buscando únicamente litros de cerveza probablemente encontrará exactamente eso. Quien llegue dispuesto a observar las diferencias entre las cervezas, comprender las tradiciones, comer cocina bávara, escuchar las bandas, pasear por la Oide Wiesn y entender por qué los muniqueses siguen llamándolo cariñosamente die Wiesn descubrirá algo bastante más interesante.
Descubrirá que el Oktoberfest no se convirtió en la mayor fiesta cervecera del mundo porque alguien decidiera organizar una gran fiesta de la cerveza.
Se convirtió en ella poco a poco, durante más de doscientos años.

